EL "VALOR" DE LOS VALORES Por Jesús Moreno Led |
Publicado en la revista "Enebro" nº25 de enero de 2000 |
Hay cosas que tienen precio. Hay otras que tienen valor y no tienen precio. A veces sucede, con demasiada frecuencia, que buscamos las cosas que tienen precio y despreciamos u olvidamos las que tienen valor. Valoramos más a las personas que tienen cosas raras y no nos fijamos tanto en las que tienen valores. -0- Así, de golpe, entro en "EL ENEBRO" de Sabiñán con esta reflexión que interrumpo aquí para saludaros con el mayor afecto de que soy capaz a todos los amigos y amigas de Sabiñán, que sois todos los que me conocéis. Así os considero yo. Cumplo, de esta manera, con una deuda que yo me impuse hace tiempo: escribir algo para el periódico-revista de Sabiñán. Por fin, voy a cumplir con esta deuda y lo hago con gran satisfacción personal. Dicho ésto, sigo con "El valor de los valores". -0- Un coche, por bueno y elegante que sea, tiene un precio. Unos se podrán permitir el lujo de comprarlo. Otros, muchos más, no. El amor no tiene precio. Porque es un valor que no se puede comprar. No tiene precio. Y todos nos lo podemos permitir. Todos podemos amar. Con este sencillo ejemplo ya queda claro qué es el precio y qué es el valor de una cosa. Cuando hablo del "valor de los valores", no quiero referirme a cuál es el valor más importante. Sólo quiero llamar la atención sobre la importancia que tienen en la vida los valores humanos. Tampoco me refiero cuando hablo de "valor" a las personas fuertes, capaces de hacer muchas porque son valientes. En este comentario, valor y valores hacen referencia a esas actitudes y cualidades que tienen las personas y que las convierten en buena gente, en hacedoras de bien, merecedoras de admiración y de imitación. Hoy se habla mucho de valores. Y es estupendo. Señal de que la humanidad los añora o los quiere tener o los tiene. Algunos por lo menos. Valores hay muchos. Voy a enumerar unos cuantos que nos aclararán definitivamente qué queremos decir: paz (personas pacíficas), solidaridad, amor, perdón, amabilidad, cariño, ayudar a los demás, respeto a todos y a todo, tolerancia, alegría que nace del corazón, gratuidad, colaboración, educación, delicadeza, generosidad, compartir, dar ánimo siempre, hablar bien de las personas, decir la verdad en toda circunstancia, acoger cordialmente, fe, sencillez... (cada uno puede alargar la vista porque hay bastantes más). Todas estas cosas las podemos tener todos. Y no hay que pagar por ellas. Se dan gratis a todo el que quiera tenerlas. Porque no tienen precio. Lo único que piden es un poco de esfuerzo. Lo más grande de todos estos valores es que hacen la vida y la convivencia entre todos más agradable, más amable. Un pueblo cuyos habitantes sean ricos en valores, será un lugar en el que merecerá la pena vivir. ¿Quién debe ofrecer todos estos valores? Primero de todos, la familia. Cuando la familia los inculca a sus componentes: pareja, hijos, hermanos. Con hecho y de palabra. Si un niño, por ejemplo, ve que en su casa hay solidaridad con todos, será una persona solidaria. La familia es, pues, la primera transmisora de valores desde el momento en que el hijo o la hija nacen. ¡Qué diferencia con la persona egoísta porque todo se le dio desde el principio y nadie le enseñó a dar! La escuela o colegio es otro lugar en el que se han sembrar valores. Una escuela que sólo transmita conocimientos y saberes no cumple con su función educadora. ¡Qué diferencia entre una persona que aprendió desde pequeña a convivir y a respetar con otra a la que nadie le inculcó el valor del respeto, de la convivencia y de los buenos modales! La parroquia es otra instancia que debe transmitir no sólo valores, sino el seguimiento de quien entregó su vida por los demás. La entre a los demás es un valor importantísimo. ¡Qué diferencia entre un cristiano que es capaz de amar y de perdonar a todos (aunque le llamen "tonto") y un cristiano que guarda rencor y no perdona! Es que este segundo no es cristiano por mucho que lo diga. Los valores se han de vivir siempre. No hay un tiempo determinado para ellos. Porque todo el tiempo es de ellos y para ellos. No tienen vacaciones. Siempre están en activo, trabajando, dándose. En la familia, en el pueblo, en la ciudad, entre amigos, durante el trabajo, en el bar, en la calle... todos los lugares y situaciones deben estar habitados por los valores humanos. Además son los únicos que nos aportarán esa felicidad interior y profunda de la que podemos disfrutar en ese mundo. Aunque alguno no se lo crea, el dinero, las cosas que tienen precio, no traen la felicidad. Sólo llegan nuestra comodidad y nuestro orgullo. Los valores sí nos ayudan a ser un poco más felices. Los valores tienen tanto valor que no se pueden comprar con dinero. Gracias a Dios. |
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